sábado, 2 de febrero de 2008

SERAFÍN AVENDAÑO MARTÍNEZ

SERAFÍN AVENDAÑO MARTÍNEZ

Serafín Avendaño Martínez nace en Vigo en 1838. A muy temprana edad, con su hermano Teodomiro, se traslada a Madrid. Es discípulo de Esquível y de Villaamil. Vivamente apasionado por la luz, el vigués se sitúa en el campo con el caballete, para captar directamente la realidad no desde las formas estrictas, sino desde el cromatismo.

Fue un ejemplo del preimpresionismo de la pintura gallega. De lento pero firme reconocimiento internacional en la actualidad, si bien en vida gozó de considerable prestigio, especialmente en Italia, donde residió largos años.

Comienza muy joven a conseguir galardones, ya que en 1858 alcanza medalla de plata en la Exposición de Galicia, con una acuarela todavía anecdótica, titulada «A miña tristura». Su pintura parte de la escuela paisajística creada por el belga Carlos de Haes, aunque pronto se separa de sus modos un tanto preciosistas y fríos.

La posición económica familiar de Avendaño le permite viajar por el mundo. En la década de los sesenta conoce Estados Unidos, donde se hacen famosos sus cuadros con la impresión de los torrentes fluviales de las cataratas del Niágara. Vija también a Inglaterra, Francia y Suiza. Compitiendo con Martín Rico, alcanza pensión para Roma. En 1864 consigue tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, galardón que repite en 1892, y la segunda en 1899, compartiéndola con otro gallego prematuramente fallecido, Jenaro Carreró.

Sus correrías por Europa le llevan a establecerse en Italia a partir de 1876. Allí reside hasta finales de la centuria, integrándose en la escuela paisajística de Rivara, en la que ejerce notable influencia.

Su fama le lleva a conseguir distinciones de la Corona belga y la amistad íntima del gran compositor Giuseppe Verdi, en cuya finca «La Traviatta» pasa temporadas de trabajo y relaciones cordiales.

De cuando en cuando, regresa a España, para participar en certámenes y mostrar su obra. En Vigo trabaja en la finca familiar de Bellavista, en el arranque de la barriada de Teis. Los últimos años de su vida los pasa en Valladolid, donde le llega la muerte en plena guerra Europea. Su prestigio le llevó a formar parte del jurado de exposiciones nacionales, y a colaborar en la revista «Blanco y Negro», a partir del año 1893 y hasta 1911.

En Italia se organizan numerosas exposiciones póstumas de sus obras, desde 1930 a 1990, en Roma, Turín, Génova y Milán. En Espña se le dedica atención a partir de 1940, cuando el Museo de Pontevedra, por iniciativa del maestro Xosé Filgueira Valverde, organiza la muestra titulada Enrique Campo y sus precedente.

Fallece en Valladolid en 1916.

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